TE MIRO Y TE ARANCELO
La prueba más clarividente de que al final va a ser África el que acabe pagando los platos rotos se puede observar en el compartimiento que están tomando los diferentes países europeos. Eso que han apresurado a llamar “contención”, no es sino el tiempo que se dan a ellos mismos y a sus empresarios para tener todo en orden.
Leoncio
Marquez M. _Malabo
Básicamente es lo que se
puede decir que ha hecho el presidente norteamericano, “te miro y te arancelo”.
Como ya se sabe, el presidente Donald Trump se ha puesto a repartir aranceles a
diestra y siniestra a todo aquel que aspire a vender algún producto proveniente
del exterior en territorio norteamericano. Da igual que el producto en cuestión
viniese de un país tradicionalmente inofensivo, como lo es Guinea Ecuatorial,
que lo único que anda buscando fuera de sus fronteras es encontrar un mercado
que facilite la compra venta de su producto estrella, el petróleo. Sin embargo,
ahora que el papa tío Donald Trump ha impuesto sus nuevas condiciones de
mercado se supone que, a priori, el petróleo ecuatoguineano podría costar más
caro en el mercado internacional, lo que acabaría favoreciendo las arcas del
Estado ecuatoguineano, ya que de entrada la excusa ya estará servida desde la
Casa Blanca. Desde luego, no hay mal que por bien no venga.
El problema de Guinea
Ecuatorial, y de África en general, podría venir desde Europa. Oyendo al
magnate que gobierna Estados Unidos se puede deducir fácilmente que, la Unión
Europea no es una empresa que a Donald Trump le caiga bien, que digamos. De
hecho, parece ser que el actual inquilino de la Casa Blanca estaba pensando más
en castigar a Úrsula von der Leyen y a sus socios, que al resto del mundo.
Pero, lamentablemente, ya sabemos que, cuando dos elefantes pelean los que
sufren son las hierbas. Y lo que nos lleva eso es a observar el talón de
Aquiles de un país como Guinea Ecuatorial, que viendo lo exageradamente
dependiente que es del exterior, finalmente podrían ser los países en su misma
condición, quienes acaben pagando los sobre costes que empezarán a sufrir las
economías europeas a partir del 6 de abril.
Bien, llegados a ese
punto, cualquiera diría que lo más lógico sería que los empresarios europeos se
abstuvieran de venderle nada a los consumidores americanos o, mejor aún, que
fueran los yankis los que saliesen en busca de dichos productos, de hecho, el
presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha propuesto una idea similar, con la
desavenencia de que los problemas globales tienen consecuencias globales. Y lo
que ha anunciado Donald Trump es a toda instancia una declaración de guerra
arancelaria a nivel global, que modifica, incluso, las previsiones de ingreso
del país de Obiang Nguema. Pero, aún así, contrario a lo que pudiera pensar
cualquier profano en temas de comercio exterior, los empresarios europeos
también son sabedores de las oportunidades que ofrece el mercado americano, de
tal forma que lo que se pudiera perder por insistir en américa se podrá ganar
en África, porque, desde luego, la economía es así: lo que se gana en una
parte, se pierde en otra. Y no hay mejor aliciente que motive cualquier espíritu
de negocio que la más cruda necesidad.
Y la
prueba más clarividente de que al final va a ser África el que acabe pagando
los platos rotos se puede observar en el compartimiento que están tomando los
diferentes países europeos. Eso que han apresurado a llamar “contención”, no es
sino el tiempo que se dan a ellos mismos y a sus empresarios para tener todo en
orden, al tiempo que se ponen de acuerdo para determinar los nuevos precios de
mercado que sufrirán productos básicos como el arroz, el aceite o el tomate, incluso,
el huevo y el jabón, etc., que en esta parte del mundo se consideran bienes
vitales. Desde luego, aquí la batalla se va librar en el terreno de quién tiene
mayor dependencia hacia el otro, y dependiendo de quién salga peor parado, que
ya sabemos que es África, tendría mejor o peores cartas para entablar una de
las negociaciones más duras que en geoeconomía se advierte, serían
perjudiciales para todos, aunque la diferencia se verá en si eres un país
exportador o consumidor.

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