Sí, damas y caballeros. Si el cinismo político aún no tenía techo se puede decir que el pasado lunes, 13 de octubre, se ha alcanzado uno. El mundo entero, por obligación de los medios internacionales, ha asistido con escepticismo a la firma de principio de acuerdo de paz al que han llegado el grupo terrorista Hamas y el país terrorista Israel sin la presencia de ninguno de los dos en El Cairo. Digamos que, Al Sisi, el presidente de Egipto, ha acogido en su país otra demostración de megalomanía que tanto le gusta hacer gala el presidente norteamericano. Porque Donald Trump es así, aunque ahora hace de presidente no olvida su pasado como actor de Hollywood, al que como todos los de su gremio no puede resistir al encanto de las cámaras y los aplausos fáciles. Después de varios esfuerzos por sabotear cualquier intento de sanción a Israel en las Naciones Unidas, ¿alguien se cree que Estados Unidos, con este presidente a la cabeza, estaba trabajando en segunda línea por un final feliz en G...
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