EL PECADO FUE HABER GANADO A CÔTE D'IVOIRE

Cuesta creer que después de la brillante puesta en escena que hicieron los chicos del Nzalang en Costa de Marfil, no habría represalias para una federación acostumbrada a hacer las cosas mal, toda vez que se presumía de tratarse de una selección acostumbrada a no llegar a ninguna parte.

L. Marquez M. -Malabo

Véase lo que es la vida y las muchas vueltas que da. Un día viene Drogba a Guinea Ecuatorial y frente al Jefe de Estado de este pequeño país que no tiene claro a cuánto asciende su población, termina por propinarle una de las palizas futbolísticas monumentales que se va a recordar por siempre en la historia futbolera de este país de habla hispana. Y, como si lo que pasa dentro del campo no fuera suficiente humillación, también había que rematarlo con un baile burlesco ante los delicados ojos del "primer deportista de la nación", acostumbrado, dígase de paso, a la misma ofrenda, pero con un tono más adulador para él.

Lo cierto es que, años después, los guineoecuatorianos, Obiang Nguema incluido, tendrían la oportunidad de devolverle al astro costamarfileño con su misma moneda, y bien que se lo devolvieron. Desde lo futbolístico hasta lo satírico, todo.

Pero qué hago contándoles algo que leyendo cualquier otro portal podrían perfectamente enterarse, si es que no lo han hecho ya. A raíz de lo sucedido en la última CAN, la FIFA y todos sus esbirros se dieron cuenta de lo crecidito que está el Nzalang hasta el punto de que se puede competir de tú a tú con cualquier otra selección del continente, y sin ninguna clase de pánico escénico, ganarle de forma homologada y contundente.

Es así que se dan a la tarea de revisar los trapos sucios que tenía la FEGUIFUT entre los armarios de sus oficinas hasta que se toparon con un suculento caso que obliga a los abogados de la casa del fútbol de Guinea Ecuatorial, a demostrar que son merecedores de la millonada salarial que perciben al año. 

Cuesta creer, inocentes los dirigentes del fútbol guineoecuatoriano, que después de la brillante puesta en escena que hicieron los chicos del Nzalang en Costa de Marfil, no habría represalias para una federación acostumbrada a hacer las cosas mal, toda vez que se presumía de tratarse de una selección acostumbrada a no llegar a ninguna parte, deportivamente hablando, por lo tanto no habían tampoco motivos para esconder mejor los tejemanejes que se hacían en plena era del internet. Aunque el simple creerlo ya revela entre otras cosas las pocas esperanzas que estaban puestas en esos chicos. 

Y aquí estamos, ¿no?, las vueltas que da la vida, tratando de salvar a como de lugar la participación de Guinea Ecuatorial en la próxima COPA MUNDIAL, con la garantía de que la penitencia siempre hay que cumplirla y con la añoranza de aquellas ocasiones en donde la FIFA solo podía amenazar con sanciones económicas. 

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