ELLOS DAN LOS GOLPES DE ESTADO, ELLOS GOBIERNAN.
Es importante que, después de conocer las opiniones de los ciudadanos, el candidato elegido también cuente con la confianza de sus colegas en el ámbito político.
Leoncio Marquez -Malabo
Una estrategia que podría evitar que los militares sigan accediendo al poder y utilizando los Golpes de Estado como trampolín sería abandonar definitivamente el sistema presidencialista y favorecer en los diferentes países africanos la implementación de un sistema parlamentarista. Esto implicaría que los militares devuelvan la democracia a sus auténticos dueños, como les corresponde constitucionalmente.
Sin embargo, hemos observado que desde Obiang Nguema hasta Oligui Nguema, los líderes militares han demostrado que no dudan en tomar el control y mantenerlo para su propio beneficio. Cambian su uniforme de combate por un traje de sastre hecho a medida, mostrando que el hábito no hace al monje. Convencer a la población de sus habilidades políticas debería ser una tarea natural para aquellos que han optado por el liderazgo civil desde el principio.
En los últimos tiempos, África está convirtiéndose, si no lo ha hecho ya, en un continente donde el gobierno se ejerce principalmente a través del poder militar y las armas. Es lamentable que tanto los militares como las armas se hayan convertido en símbolos predominantes en lugar de servir exclusivamente al Estado. Esto ha llevado al surgimiento de numerosos grupos de mercenarios y milicianos que desafían continuamente las capacidades de los ejércitos nacionales, reflejando el descontento de ser gobernados por autoridades que confunden el ámbito castrense con el civil.
El escenario propuesto se sustenta en la realidad de que los procesos electorales en todo el mundo rara vez están libres de controversia. Siempre hay ganadores y perdedores, y estos últimos a menudo se resisten a aceptar los resultados. Sin embargo, todos los aspirantes a gobernar cualquier país comparten el mismo deseo: convertirse en presidente. Es importante que, después de conocer las opiniones de los ciudadanos, el candidato elegido también cuente con la confianza de sus colegas en el ámbito político.
Es cierto que el sistema parlamentarista, desde luego, no es la panacea, como todos sabemos, a todos los males que adolece el continente africano y los países que lo componen. Sin embargo, puede ser un buen punto de partida cuando de lo que se trata es evitar, por ejemplo, lo que está pasando en Tchad, donde una vez más el mundo internacional ha asistido al concierto de cinismo, el mismo de siempre, camuflado en unas elecciones libres cuya elaboración generaba dudas desde el principio.
y honestamente, no se trata de arrebatarle a los pueblos el derecho a elegir libremente a sus dirigentes. Puede que lo pertinente esté en que los políticos africanos entiendan de una vez y por todas, que sí, el hábito hace al monje, y tan difícil es separar el agua del aceite que ninguno de los gobiernos golpistas que han surgido a lo largo y ancho del continente han logrado mantener una postura medianamente digna.
En resumen, la transición hacia sistemas políticos más inclusivos y democráticos en África es crucial para garantizar la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible en los países. Esto requerirá un compromiso decidido tanto a nivel nacional como internacional, así como la voluntad política de los líderes africanos para implementar reformas significativas y enfrentar los desafíos existentes con determinación y visión de futuro.
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