NO PUEDEN SOLOS Y FUERON A PEDIR AYUDA A MILEI

 


 Imagínense cómo queda Pedro Sánchez o cualquier otro Primer Ministro de turno después de descubrir que una presidenta díscola, de una comunidad autónoma, es capaz de desacreditarle públicamente y condecorar en la capital del país que él gobierna al mismo hombre que sobre sus espaldas pesa el título de persona non grata.

Leoncio Marquez M  -Malabo

Todo apunta que el Partido Popular español, en manos de la presidenta de la comunidad de Madrid, ha encontrado en el nuevo presidente de Argentina el juguete ideal para zarandear a Pedro Sánchez o, por lo menos, procurar que el Primer Ministro español tuviera menos despertares agradables de los que a él le gustaría. Parece ser que Isabel Días Ayuso, que es la promotora de esa última ocurrencia, por fin haya caído en la cuenta de que: el enemigo de tu enemigo es tu amigo; y como quiera que el otro es un abusador por excelencia, también se presta al juego, en un claro intento de dejar patente de que el pueblo argentino ha confiado su suerte en un bebé grande, al que llaman presidente.

Claro que sí, hay un montón de asuntos en los que se le puede dar la razón a la presidenta de la comunidad de Madrid, pero descolgar el teléfono y traerse a Javier Milei no es una de ellas, no solo porque el actual presidente de Argentina sea un provocador nato que en uno de sus muchos arrebatos le puede dar por buscarle las costillas al propio Partido Popular, aunque ahora parezca que van cogidos de la mano en todo, sino que por ahora, haciendo lo que ha hecho Días Ayuso, solo ha conseguido demostrar lo vulnerable que es la política internacional española.

Es habitual que dos mentes pensantes no se pongan de acuerdo a la hora de encarar una realidad, pero sí es cierto que a las partes siempre hay que pedirles algo de lealtad institucional cuando de por medio está el interés superior, como es el interés de todos. Hasta donde llega mi imaginario siempre he pensado que el concepto de Nación siempre ha estado por encima de cualquier partido político, logo, o incluso de cualquier interés particular; y por cosas de la democracia resulta que es necesario la presencia de un individuo al que hay que confiarle la suerte de esa Nación, en el caso de Argentina, Milei, y en España, Pedro Sánchez, y al resto nos toca asumir sus aciertos y fracasos como nuestros.

Y es probable que otro foco del problema lo genera la misma frase “lealtad institucional” que, dicho sea de paso, ya presenta incongruencias de entrada cuando los contingentes son de dos partidos políticos distintos y no existe entre ellos ningún argumento legal que pueda sancionar a nadie más allá de la sanidad mental de cada uno. Entonces conviene hablar de “coherencia institucional” porque imagínense cómo queda Pedro Sánchez o cualquier otro Primer Ministro de turno después de descubrir que una presidenta díscola, de una comunidad autónoma, es capaz de desacreditarle públicamente y condecorar en la capital del país que él gobierna al mismo hombre que sobre sus espaldas pesa el título de persona non grata.

Pero si alguien piensa que eso refuerza al partido popular o engrandece la imagen de lideresa de Días Ayuso, solo basta recordar cómo han acabado las últimas elecciones en Europa, donde Pedro Sánchez, tirando una vez más de su manual de resistencia, ha hecho valer su impronta y ha consolidado la marca de su partido en un momento donde la ultraderecha está amenazando y hasta Emmanuel Macron se ha sentido intimidado.

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