CÓMO SE LLAMA EL ACUERDO DE PAZ QUE SE FIRMA SIN LA PRESENCIA DE LAS PARTES MÁS INTERESADAS.
Sí, damas y caballeros. Si el cinismo político aún no tenía techo se puede decir que el pasado lunes, 13 de octubre, se ha alcanzado uno. El mundo entero, por obligación de los medios internacionales, ha asistido con escepticismo a la firma de principio de acuerdo de paz al que han llegado el grupo terrorista Hamas y el país terrorista Israel sin la presencia de ninguno de los dos en El Cairo.
Digamos que, Al Sisi, el presidente de Egipto, ha acogido en su país otra
demostración de megalomanía que tanto le gusta hacer gala el presidente
norteamericano. Porque Donald Trump es así, aunque ahora hace de presidente no
olvida su pasado como actor de Hollywood, al que como todos los de su gremio no
puede resistir al encanto de las cámaras y los aplausos fáciles. Después de varios
esfuerzos por sabotear cualquier intento de sanción a Israel en las Naciones
Unidas, ¿alguien se cree que Estados Unidos, con este presidente a la cabeza,
estaba trabajando en segunda línea por un final feliz en Gaza?
A juzgar por el nombre con el que han bautizado el famoso plan de los
veinte puntos y con el que se pretende finalizar los conflictos en Oriente
Medio y en contra de cualquier teoría fundada que después le pueden explicar
los gazatíes a sus hijos, todo parece indicar que sí. Donald Trump podría estar
a las puertas de conseguir lo que ni el mejor Barack Obama o la Unión Europea
han podido solucionar en más de cuatro décadas de conflicto. Y lo que a mí me llama poderosamente la
atención es, cuánta validez real le dan los contendientes al supuesto acuerdo
si ni siquiera fueron invitados a la ceremonia de firma de la misma.
Se trata de hacernos creer que dos organizaciones que no están dispuestos a
reunirse bajo un mismo techo han acordado poner fin a dos años de guerra,
empezando, desde luego, con un simbólico intercambio de rehenes entre las
partes. Desde luego, quien puede apuntarse algo con sentido a victoria con
respecto a lo vivido el pasado lunes en El Cairo, no es ni la Liga Árabe, ni
Hamas, ni Israel, ni la veintena de líderes que fueron a firmar como testigos,
simplemente se trata de que una vez más Estados Unidos ha vuelto a hacer lo que
le da la gana con el tablero geopolítico, con tan mala suerte de que las balas
y el hambre los sufren humanos de carne y hueso, sin una promesa clara de que
tanta exposición mediática pueda acabar realmente con la guerra.
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