EL RETORNO DEL GRUPO AMEA A LOS ESCENARIOS.
Dentro del
contexto de Malabo, hablar de teatro, siempre nos ha llevado inevitablemente a
pensar en un único grupo, BOCAMANDJA. A lo mejor porque su director, Silebó
Boturu, es más mediático, o porque son los que han conseguido mantenerse más
tiempo sobre los escenarios de Bioko. Sin embargo, es sabido por todos que
Malabo, en cuanto a teatro se refiere, es más plural y diverso, tanto que entre
las propias entrañas de BOCAMANDJA le han nacido rivales que le han pleiteado la
hegemonía y le han discutido en algún momento puntual el favoritismo ante los ojos
de los espectadores, cuya opinión, al fin y al cabo, es lo que importa.
Entonces, uno
de estos grupos es AMEA, cuyo legendario director, Dino León, fue cofundador
junto con Cristian Eteo y el ya mencionado Boturu de ese monstruo devora
escenarios que hoy es BOCAMANDJA. No obstante, la supervivencia de AMEA y demás
grupos de teatro no han experimentado un crecimiento lineal, progresivo y
constante, de manera que se pudiera hablar de un posible sorpaso inminente o
contemplado en el futuro. Se ha visto vestigios de buenos proyectos con buenos
puntos de partida, ¿quién no se acuerda de la primera propuesta teatral de
RIZOMA? Parece ser que en el fondo de la cuestión descansan dos grandes miedos:
uno es, indudablemente, un tremendo miedo a cumplir la mayoría de edad y el
otro es, desgraciadamente, la falta de relevo generacional dispuesto a pagar el
precio.
Y el ejemplo
más ilustrativo de lo que estoy hablando lo hemos vivido hace unos días, otra
vez en la sala de actos del Centro Cultural de España en Malabo, que, por otro
lado, sigue afianzando su monopolio en el universo cultural de Malabo y es allí
donde suceden las cosas más importantes en el mundo cultural de la isla.
AMEA por fin
pudo tener su encuentro con su público y, tal vez, la casualidad habría querido
que coincidiera con la festividad de San Antonio de Padua, el patrono de
Annobón. Pero lo que no se puede atribuir a la casualidad de ninguna manera es
la implicación de Dino León durante todo el proceso. Es sabido por todos que el fundador
de AMEA ha estado ausente durante al menos un año, y aunque antes de su
alejamiento del grupo la dirección ya la llevaba Vladimir Bestúe, hay que
reconocer que no hubo en este tiempo ni ensayos ni nada que pudiera advertir la creencia sobre
alguna puesta en escena de alguna de las tantas obras que tiene el grupo en su
repertorio.
Fue llegar
Dino, y lo que parecía destinado a la desintegración, con miembros dispersos y
una clara falta de confianza por parte de las instituciones, ha podido en
apenas cinco meses insuflarle aliento de vida. Pero eso no quiere decir que el
trabajo presentado hace poco se adecúa a lo que nos tiene acostumbrado AMEA que,
por otro lado, se presentó como si fuera una ensalada, con un montón de actores,
entre los cuales se podía contar con los dedos los que realmente guardan una
relación con el grupo. Pero, ¿significa esto que AMEA ha regresado?
Por el bien del teatro esperemos que sí. Porque eso significaría, en primer lugar, que se iría al Centro Cultural de España en Malabo con la clara premisa de que no se vería durante un año entero solamente a BOCAMANDJA, que es prácticamente lo que se ha estado sufriendo. Pero antes, Dino León tiene la tarea de seguir puliendo los brotes verdes que se ha visto sobre el escenario y rescatar el talento de actores consolidados como el propio Vladmir Bestúe y de otros, cuya reputación como buenos actores se lo deben a su paso por AMEA.
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